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03 diciembre 2009

SABADOS LITERARIOS DE MERCEDES CUENTO DE NAVIDAD







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 Miraba orgullosa el árbol, el decorado le había quedado hermoso, los regalos en la base, las luces, todo estaba en su lugar.
Escuchó las risas de los niños y abandonó su cómoda silla al lado del hogar para ir a abrir la puerta.
Besos, abrazos y el torbellino de alegría corre al árbol, con la ilusión en los ojos, ¿Qué habrá traído Santa este año?
Entra la hija, un abrazo silencioso. Ambas de la mano se dirigen a la sala donde todo es risas y exclamaciones de júbilo, ruido de papeles rotos, se muestran unos a otros sus regalos y luego se abalanzan sobre la pila buscando más.
Detrás de ellas entró el yerno con la cámara de fotos en la mano sacando fotos por doquier, se escuchaba el clic, clic, clic uno tras otro.
La abuela vuelve a su cómoda silla, su hija parada detrás la abraza y besa sus blancos cabellos, no importa cuántas veces lo habían visto, siempre era mágico, cálido. ¡Era Navidad!
Madre e hija se miraron y se sonrieron, ¡clic!.
Una lágrima corrió por la mejilla de Ana. Cada 24 de diciembre a la medianoche sacaba de su gaveta aquél viejo portarretato digital y empezaba a pasar las fotos mientras escuchaba la música. En la parte superior tenía una inscripción: ¡Feliz Navidad!  2009  Pide un deseo...
No conocía a esas personas, el portaretrato lo había encontrado un día que fué castigada y mandada a limpiar uno de los basureros de la nave.
Era el año 2160, los seres humanos se nucleaban en grupos de trabajo, no en familias.Hacía mucho que no se hablaba de navidades, años nuevos, ni cumpleaños.  Eso había quedado en aquel lejano lugar llamado Tierra, que una vez albergó vida pero ahora era inhabitable.
Los humanos dispersados en pequeñas colonias no formaban familias, cuando uno moría sorteaban quién engendraría al próximo niño. No podían darse el lujo de colonias superpobladas hasta que no encontraran un planeta que los albergue.
Ana viajaba en una de esas naves que buscaban un planeta habitable.
Cada 24 de Diciembre a la medianoche realizaba la misma rutina en la soledad de su cubículo, cerraba los ojos y pedía poder tener un árbol de verdad la próxima navidad.
Mañana sería un día de duro trabajo, como todos. No podía darse el lujo de seguir despierta, sus sentidos debían estar muy atentos. Tal vez mañana sería el gran día. Con esa ilusión se acercó a la ventanilla y exhaló en el frío vidrio, dibujó con su dedo un árbol de navidad, las estrellas eran las luces ¡Feliz Navidad! exclamó en voz baja.
Y Ana se durmió soñando con árboles verdes, ríos caudalosos, mariposas revoloteando sobre hermosos campos floridos, soñando con un lugar al que llamaria HOGAR..


Si querés disfrutar más Cuentos de Navidad podés subirte al colectivo imaginario de Mercedes.



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